domingo, diciembre 10, 2006

La sonrisa de la Mona Lisa


Cuando llegué al aeropuerto a las 7 de la mañana ya estaba esperándome en la puerta, fumando un cigarrillo. Parecía tan nervioso y emocionado como yo.
Fumamos otro Chester juntos en la puerta de la terminal del aeropuerto y nos lanzamos hacia la aventura. París nos esperaba.

Hacía tan solo una semana aquello parecía imposible, sonó mi teléfono y la propuesta quedó suspendida en el aire, nada seguro, difícil de lograr en tiempo y forma, un viaje a la Ciudad de la Luz, una persona con la que ya no esperaba hacía tiempo poder hacer mucho más que tomar alguna caña. Cuatro meses sin vernos, cuatro años de conocernos, y de repente, estábamos sentados uno junto al otro camino de un sueño, algo pospuesto por falta de tiempo, de dinero, de ocasión o de compañía. Un viaje que había planificado en cuatro ocasiones en mi vida, y que por cualquier causa había sido imposible realizar. 13 años de imprevistos, 13 años esperando poder volver a ver París a mis pies.

Tres días recorriendo lugares hermosos, no importaba la lluvia, ni el viento, ni los cientos de paraguas rotos que había por las aceras, estábamos allí y eso era lo único que contaba. Despertarse en una pequeña buhardilla junto a los Campos Elíseos, abrir los ojos y saber que estábamos en el corazón de la ciudad.

Desayunar café caliente y brioche, o cualquier cosa que se nos antojase, arrebujarte en el abrigo y no poder dejar de sonreír, comer en un pequeño restaurante viendo Notre Dame desde la ventana, bebiendo vino y riendo las bromas del camarero italiano.

Ahora sé por qué sonríe la Gioconda, no lo hace por misterio, aguanta la risa de ver a todas las personas que, al igual que nosotros dos, van a visitarla con la ilusión pintada en la cara, esa cara de tonto que se te pone cuando no sabes si sueñas o vives. O tal vez también lo haga al vernos sentados en un banco del museo con los ojos llenos de todo lo que nos ha pasado en tan poco tiempo.

Y ahora mismo Steven Tyler canta Dream On para mi...

5 comentarios:

Guillermo dijo...

¿Después de tanta lluvia sigues pensando que es la ciudad de la luz? :-P

Conseguiste ver la Gioconda, que envidia, yo fui en pleno Agosto y delante mía había una nube de japoneses de varios metros de grosor que disparaban un flash continuo pasando de los gritos del guardia. Sali corriendo

terminus dijo...

Me alegro que lo pasaras bien querida I. ¿Verdad que es una ciudad impresionante?

Besooooooo

Edu

PD: Poco a poco vuelvo al reino de los vivos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Esta bien que Monna Lisa vea caras de felicidad. Seguro que sabe reconocerlas. Besos.

Harry Reddish dijo...

Enhorabuena por tu visita a París, la verdad es que me da mucha envidia esos viajes que se pega la gente. A ver si me puedo dar yo también el gustazo de verle la sonrisa a esa peculiar señora del louvre. Felicitations!!!

Salut!!

Anónimo dijo...

Jorl, me equivoqué, yo creía que el sueño era el piso... pero ya sabes lo que se dice, ¡París bien vale una misa!

PD: creo que es por la sangre catalana de mis venas, pero a mí la Mona Lisa me pareció tan pequeña... curiosamente, las voces que comentaban lo mismo a mi alrededor, mientras yo contemplaba la famosa sonrisa, eran también catalanas. ¡Si es que nos pierden los tamaños!